La cirugía plástica en adolescentes

El mundo de la estética y del cambio de apariencia está llegando cada día más a los adolescentes. Digamos que con ello buscan una mejora en su estado de ánimo, que hace que se acepten más ellos mismos, y por otro lado aumentan su aceptación social.
La cirugía estética ha sido durante muchos años privilegio de ricos, famosos y de celebridades que podían permitirse los gastos de una intervención. Claro que con ello mantenían una imagen pública jovial y atractiva para el público que los seguía y que en cierto modo era incapaz de perdonar el paso de los años sobre su ídolo. Sin embargo, ésto ha ido cambiando poco a poco, hasta llegar a hacerse casi cotidiano entre los jóvenes, tanto chicos como chicas, menores de 18 años, tal como demuestran unas estadísticas estadounidenses, en las que se habla de un aumento considerable de operaciones de cirugía estética entre los jóvenes de Estados Unidos. La intervención más frecuente es la de aumento o reducción de busto, seguida de procedimientos no quirúrgicos como dermoexfoliación química, microdermoabración y depilación con láser. Se supone que esta demanda creciente está relacionada con un deseo de una mayor aceptación social, aparte de la tremenda influencia producida por la televisión e internet.
Los jóvenes del mundo occidental cada día aumentan sus interés en someterse a una operación para corregir deformidades de la nariz, las orejas o el busto, incluso llegan a solicitar a sus padres que su regalo de cumpleaños o por buenas notas universitarias sea una intervención de cirugía estética. Concretamente, la otoplastia, que es el procedimiento para cambiar o reducir la forma de las orejas, es la que ha tenido más demanda durante el año 2007.
Sin embargo, aunque realmente la cirugía estética y plástica pueda proporcionar unos resultados de reafirmación personal entre los jóvenes, no es conveniente realizarla en adolescentes, por varios motivos importantes. Entre otros, por ejemplo, porque aún no se ha terminado con el período de desarrollo y puede resultar como una interferencia en el crecimiento, aparte de que no existe una conciencia total del proceso a seguir y del riesgo que se puede correr, ya que no deja de ser una operación realizada en un quirófano. Uno de los problemas más comunes que suelen crear los jóvenes intervenidos es el de creer que en dos días todo queda resuelto y cicatrizado, y que después de una operación realizada el viernes podrán irse el sábado a la discoteca. Y ese detalle es bastante importante a la hora de tomar una decisión de este tipo.
Los especialistas no dejan de recalcar que no se debe confundir la palabra “cosmética” con “cirugía”, ya que son dos cosas totalmente diferentes, y que el paciente debe conocer el proceso de la intervención que se le va a realizar y los riesgos que va a correr, de las cicatrices que pueden quedar y del período de inactividad que deberá seguir. Porque está claro que una intervención de cirugía plástica estética no es como ir a la peluquería o pasar por una sesión de manicura, que existen unos riesgos que pueden tener consecuencias serias. Dado que una operación de cirugía estética requiere anestesia, puede acarrear complicaciones como ataque al corazón, parálisis temporal o producir una apoplejía. No es que sea algo frecuente que ocurra, pero puede ocurrir, y por ello el paciente debe tener constancia antes de tomar una determinación final. Si se decide, debe tratarse de un claro deseo personal con todas las consecuencias y nunca por agradar a otras personas, incluidos los padres.
La consulta del especialista

Está demostrado que el éxito completo de cualquier intervención quirúrgica llega cuando se da una buena conexión entre médico y paciente. Por ello, desde la primera consulta se debe intentar que ocurra ese acercamiento incipiente que irá creciendo a medida que se vayan dando los pasos necesarios hasta el final de la operación. Sin embargo, el cirujano no debe dar nunca falsas espectativas ni intentar ocultar los riesgos que puede conllevar el paso por un quirófano. Debe ser realista en todo momento.
La primera consulta no deberá nunca ser breve y deberá durar al menos treinta minutos. Durante este tiempo, el paciente explicará su caso sin prisas, debiendo el especialista informar a éste, después de escucharlo y observarlo, de los pro y los contras de una posible operación, y sobre todo si es conveniente que atraviese por ella, ya que existen casos donde no resulta nada recomendable por diferentes motivos. En general, el paciente deberá consultar sin timidez todo lo que no llegue a entender del todo, incluida una explicación del procedimiento a seguir, el tipo de anestesia que será utilizada, cómo será el postoperatorio y otros pormenores que pueden resultar de gran importancia.
Entrar en un quirófano no es nada frívolo

Es impresionante ver como hay personas que pasan una y otra vez por un quirófano por cuestiones de estética, sin ser conscientes de lo expuesto que resulta cualquier intervención quirúrgica del tipo que sea. Cuando alguien se plantea dar el paso de ser intervenido debe previamente conocer una serie de datos importantes que le harán seguir adelante o decidir anular o postergar el planteamiento previo.
Una de las primeras cosas que debe conocer un paciente es el riesgo y los beneficios que le puede reportar el paso por un quirófano, sin olvidar que es de suma importancia que el especialista nos merezca confianza. Todos tenemos derecho a que se nos explique en detalle sobre las posibles complicaciones que pueden darse, tener al menos un conocimiento básico de los detalles de la cirugía que se va a aplicar y, sobre todo, las ventajas y desventajas de las diferentes técnicas a que podemos optar, para, de esa forma, poder hacer un balance lo más exacto posible que determine si nos interesa o no seguir adelante.
No olvidemos que al dar un paso de este tipo, siempre se debe intentar que el resultado sea positivo y adecuado a nuestra imagen anterior, consiguiendo una mejora evidente en la autoestima que hará que resulte más agradable nuestra calidad de vida.





